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La palabra del Soñador Text Audio /5
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Caminé junto a una figura encapuchada, eligiendo un camino a través de una cresta. Señaló al valle debajo, donde grandes costillas vibraban con los latidos de un corazón montañoso. Me preguntó qué veía.

Le dije que veía la mitad de alguna clase de cuerpo. Expuesto a los elementos. Aterrador, pero también vulnerable. Asintió.

La Madre da a luz a la carne, pero la carne es débil. Puede quemarse. Calcinarse. Ella quiere que sus hijos siempre sean uno con ella, pero los hijos deben abandonar el hogar para crecer. El Soñador la conocía desde antes de que se vuelva una pesadilla, pero esos recuerdos solo evocan dolor. Ella intentará tomar nuestra carne, me advirtió. No debemos permitírselo.
Visiones I, 40: Nacimiento
El Soñador me guió a través de un gran horno donde los esclavos arrojaban carbón en grandes chimeneas. Sus miembros se derretían y sus ojos estaban ciegos. Señaló hacia el vertedero de cadáveres. Me preguntó qué veía.

Le dije que veía un hambre sin igual. Una necesidad que nunca podría ser saciada, que solo podía existir si consumía más y más. Asintió.

La Pira roja arde fuerte, pero las llamas son efímeras. Se pueden apagar. Extinguir. Las llamas nunca perduran, solo se propagan. El Soñador lo conocía desde antes de su adicción, pero esos recuerdos solo evocan arrepentimientos. Él tratará de quemarnos, advirtió. No debemos permitírselo.
Visiones II, 18: Llama
Se oían usurros silenciosos que sonaban como dientes secos mientras el Soñador me llevó a través de un vasto laberinto de venas de metal y arterias latientes. Señaló al cielo, al centro, donde giraba un rostro cristalino con ojos vacíos y una mandíbula dura que expresaba quejas inauditas. Me preguntó qué veía.

Dudé. Creí que sabía, pero no podía confiar en mí misma. En un mundo tan lleno de carne cadavérica, aquí, en ese momento, veía una mente que no tenía ni un poco de ella. Asintió.

La Psiquis bifurcada piensa sin voluntad, decide sin deseo. Drena todo el movimiento y la vida para expresar pensamientos que nadie oye, para descifrar verdades sin significado. El Soñador la conocía desde antes de que renunciara a su alma, pero esos recuerdos solo evocan desesperanza. Ella tratará de devorar nuestras mentes, advirtió. No debemos permitírselo.
Visiones III, 91: Pensamiento
Débil debido a nuestra larga travesía, el Soñador se sentó junto a un hueco helado, uno de muchos, dispuestos en hileras solitarias. Señaló hacia abajo, al ser que yacía dentro, silencioso e inmóvil. Me preguntó qué veía.

Con bastante temor, me tomé un momento antes de responder. El aura era inconfundible. Era un cementerio. Por primera vez, negó con la cabeza.

Los Patrones preservados no veneran a los muertos. Siguen vivos, con sus ojos abiertos y sus manos gélidas mientras intentan liberarse de la helada voluntad que los mantiene esclavizados. El Soñador conocía a esa voluntad desde antes, cuando su corazón todavía albergaba pasión, pero esos recuerdos solo evocan pérdida. Ella tratará de aprisionar nuestros cuerpos, advirtió. No debemos permitírselo.
Visiones IV, 7: Muerte
Ya muy cansado, el Soñador me pidió que me sentara a su lado. Habíamos viajado en círculo durante las noches que pasé soñando, y nos encontrábamos justo fuera de nuestro monasterio. Señaló al mundo exterior, y me preguntó qué veía.

Un hermoso y vibrante mundo vivo, le dije. Prístino. Asintió.

Los cuatro se han vuelto uno, advirtió. Él intentó ayudarlos; trató de mitigar las agonías de sus almas, que los impulsaban como látigos en sus espaldas, pero ellos se enfurecieron. Lo hirieron y lanzaron al vacío. Antes tenían un propósito, pero ahora solo conocen la furia y el hambre. Su existencia heterogénea rasga las uniones y llena a sus pensamientos de gritos y nada más. Vendrán aquí, advirtió. No debemos permitirlo.

Luego de eso, se tambaleó, se echó al suelo y durmió.

Cuando desperté, estaba en el mismo lugar, y del Árbol del génesis habían brotado las primeras ramas, justo donde yacía el Soñador. Es su regalo para nosotros... nuestras armas contra los nacidos de la colmena. No le fallaremos.
Visiones V, 104: Su regalo
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